La hipertensión se define como una presión arterial ≥ 130/80 mm Hg. Una presión arterial significativamente elevada (≥ 180 mm Hg sistólica y/o ≥ 120 mm Hg diastólica) conlleva un riesgo sustancial de morbilidad y mortalidad. A pesar de la presencia prolongada de hipertensión, puede no haber signos o síntomas de daño de órgano diana (e.g., cerebro, ojos, corazón, riñones) hasta que el funcionamiento se descompensa o se deteriora gravemente. Las personas pueden presentar síntomas clínicos como dolor torácico debido a un IM o cambios neurológicos focales asociados a un infarto cerebral o una hemorragia intracraneal. El diagnóstico se realiza mediante mediciones seriadas de la presión arterial y pruebas para detectar daño de órgano diana. El tratamiento incluye la reducción de la presión arterial y el tratamiento del daño en órganos específicos.
Última actualización: Ene 17, 2024
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