¿Cómo es la residencia? Un día en la vida de un médico residente

¿Cómo es la residencia? Un día en la vida de un médico residente

¿Cómo es la residencia? Para el residente promedio de medicina interna en una rotación por sala, ¡los días siempre están llenos! En contraste con la escuela de medicina, te pagarán por las horas que trabajes, aunque probablemente tengas que trabajar unas horas más de las que estás acostumbrado. Así fueron mis días típicos como residente de medicina interna.

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Group of medical workers in a hospital smiling into the camera
Si fuera sencillo, cualquiera lo haría.
Permítenos guiarte en el camino del éxito para lograr tus sueños. Estudia con eficacia, mantente organizado y siéntete mejor.
Brennan Kruszewski

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septiembre 17, 2021

Horas de residencia médica

El Consejo de Acreditación para la Educación Médica de Posgrado limita las horas de residencia en medicina interna a 80 por semana. Mientras que algunas jornadas son más largas y otras, más cortas, yo diría que terminé trabajando 10-12 horas la mayoría de los días. Así eran para mí los días típicos como residente de medicina interna:

Introducción: del café al final de la mañana y las rondas previas

5:45 a.m.

Me despierto y me hago un café, el primero de muchos durante el día. Ya que vivo relativamente cerca del hospital, puedo levantarme un poco más tarde y aun así llegar a tiempo. Si el clima es agradable, uso mi bicicleta para hacer un poco de cardio antes de trabajar; si no, intento ir al gimnasio del hospital antes de firmar mi entrada para hacer que mi sangre empiece a bombear desde temprano.

6:30–7:00 a.m.

Me dirijo a la sala de residentes nocturnos para recoger el informe sobre mis pacientes. El residente nocturno detalla todo lo urgente que sucedió, y me da información sobre cualquier paciente nuevo o sobre admisiones pendientes que tendré que conocer y cuidar el día de hoy. Tomo nota detallada de las cosas que sucedieron para definir mis prioridades en las rondas previas.

7:00–8:00 a.m.

Con una lista de pacientes en una mano y una segunda taza de café en la otra, comienzo mis rondas previas. Antes de que llegue el médico tratante, necesito ver a todos mis pacientes esta mañana. También tendré que examinarlos y revisar sus pruebas de laboratorio, imágenes y reportes para ver si necesito hacer cambios urgentes. Tener una lista de verificación de las cosas que quiero lograr me impide perder cualquier información vital que debería tener a mano cuando entre el médico tratante. Si soy el residente principal, tendré también que supervisar a mis pasantes y responder cualquier pregunta que puedan tener. Como interno, un breve boceto me ayuda a organizar mis pensamientos y me da un borrador de las notas que haré al terminar el día.

La mañana: rondas – y un montón de listas que palomear

8:00–10:30 a.m.

El médico tratante llega y comienza sus rondas de enseñanza. Comenzamos con cualquier paciente que necesite atención inmediata; luego vamos con los nuevos pacientes, pacientes dados de alta y pacientes de edad avanzada. Juntos, examinamos a cada uno y hablamos con él; el médico tratante hace preguntas y enseña a medida que avanzamos. Aunque soy el residente principal, el médico tratante tiene algo que enseñarme con casi todos los pacientes. Eso también me permite instruirme a mí mismo.

Mi lista de pendientes me mantiene al tanto.

Palomeo los temas de cada paciente a medida que lo vemos, llamando a consultas y al laboratorio, o cambiando las órdenes de medicamentos para mantener la eficiencia.

10:30–11:00 a.m.

Cuando terminan las rondas de enseñanza, comienza una reunión interdisciplinaria de equipo con los trabajadores sociales y nuestros coordinadores de atención. Previo a dar de alta a los pacientes, hacemos una breve reunión para verificar sus necesidades antes de que se vayan. Esa reunión de equipo asegura que los pacientes tengan planes de alta seguros y el apoyo que necesitan en casa para seguir mejorando luego de salir del hospital. También identificamos qué pacientes tienen necesidades continuas y cómo abordarlas. Mantener una lista es esencial para mí porque me recuerda todo lo que hay que hacer y centra mi atención por la tarde.

11:00 a.m.–1:00 p.m.

De las rondas interdisciplinarias de equipo paso directamente al informe matutino y luego a las grandes rondas de mediodía. Los residentes en jefe o pasantes se reúnen para ver y comentar una presentación de caso, comenzando con la historia y el examen físico, y pasando por las pruebas de laboratorio, la imagen y el diagnóstico final. Por lo general, el residente en jefe hace una breve presentación sobre el tema y, por supuesto, ¡tomamos café! Las grandes rondas son sesiones educativas más formales, donde todos los médicos, residentes y estudiantes participan en una presentación. Se ofrece un almuerzo para los residentes, así que tengo una rara oportunidad de sentarme y relajarme mientras escucho a un experto analizar las últimas investigaciones o innovaciones en su campo.

Coffee to go mug

La tarde: actualizaciones, notas e informes

1:00–5:00 p.m.

La tarde se dedica sobre todo a terminar cualquier trabajo que no se haya completado en la mañana –dar seguimiento a las consultas hechas durante las rondas, escribir mis notas del día sobre cada paciente, y llamar a sus familiares para darles actualizaciones. La mayoría de los días, el médico tratante regresará por la tarde para dar una breve charla sobre un tema relacionado con alguno de nuestros pacientes. También veo nuevas admisiones y respondo llamados sobre nuestros pacientes actuales.

5:00–7:00 p.m.

Con la mayoría del trabajo hecho, paso el último par de horas terminando mis nuevas admisiones y redactando un informe de salida para el residente nocturno, quien llega a las 7:00 p.m. Resumo lo sucedido durante el día con todos mis pacientes, anoto alguna cosa que preveo que pueda surgir por la noche, e indico cualquier imagen o pruebas de laboratorio que necesiten seguimiento. También señalo si preveo que un paciente puede desestabilizarse o corre el riesgo de empeorar durante la noche. En cuanto llega el residente nocturno, le entrego mi informe y el pager. Si el resto de mi trabajo está hecho, doy el día por terminado. Aunque puedo salir del hospital a las 7:00 pm casi todos los días, a veces me quedo más tarde para atender a un paciente inestable o hacer una admisión tardía.

Día concluido: ¡Listo para empezar de nuevo!

8:00–10:00 p.m.

Llego a casa, agotado después de un duro día de trabajo y listo para empezar de nuevo por la mañana. Preparo una cena rápida (si no he tomado ya algo en la cafetería del hospital antes de salir) y tal vez me distienda un poco con un libro o con un episodio o dos de mi programa favorito de televisión. Quizá podría tener un rato para leer sobre un paciente o estudiar antes de irme a la cama. Por supuesto, también me tomo algo de tiempo para planear lo que haré en mi próximo día libre.

La residencia en medicina interna puede ser agotadora, y es importante planear cómo usar eficientemente tu tiempo libre, que es muy limitado. El volumen de trabajo requerido en la residencia te estimulará para desarrollar un sistema que te funcione. Así estarás seguro de volverte más competente (¡y eficiente!) con el tiempo. ¡Espero que esta instantánea de la vida de un residente interno te permita darte una idea de cómo puede ser esta etapa de tu vida, y te ayude a prepararte para el éxito!

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