¿Por qué los doctores tienen fea letra?

¿Por qué los doctores tienen fea letra?

En mis años de escuela, siempre fui un excelente estudiante. Bueno, casi siempre. Entre mis altas calificaciones, siempre había una mancha en mi expediente casi perfecto: desde el jardín de niños hasta el octavo grado, nunca recibí más que un «necesita mejorar» en caligrafía.
Doctors' bad handwriting
Brennan Kruszewski

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mayo 31, 2023

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Me gusta bromear diciendo que miletra ilegible fue la primera pista de que iba a ser médico.

Los médicos tienen fama de ser incapaces de escribir de forma legible. La explicación más común parece ser que la culpa la tiene el uso excesivo de las manos y la necesidad de escribir notas rápidamente. El enorme volumen de información que se registra a diario hace que nuestra letra, aunque fuese buena al principio, se deteriore con el tiempo. Pero en mi caso, mi letra no era la más bonita, incluso desde la escuela primaria.

Siempre tuve fea letra, y por muchas razones

Tengo mucho que decir para justificar mi caligrafía poco legible de niño. Durante los primeros años, me quejaba de que no veía bien la pizarra, lo que acabó siendo cierto, ya que necesité gafas desde el primer curso. Sin embargo, mi visión no era el problema, porque mi letra tampoco mejoró en segundo año. Me apresuré a justificarme con que tenía que aprender letra cursiva y con que se manchaba el papel al intentar juntar todas las letras. Mis profesores aceptaron en gran medida esa explicación e hicieron todo lo posible para que me esforzara en realizar mis tareas manuscritas. Cuando mi caligrafía no mejoró en tercer grado, concluí que era evidente que la caligrafía ya no era tan importante; al fin y al cabo, mis calificaciones eran buenas y, mientras no influyera en mis notas, no tenía importancia.

En algún momento de tercer o cuarto año, uno de mis profesores me llamó la atención sobre mi caligrafía. Había recibido una nota más baja de lo habitual en una redacción que había entregado. La razón de la mala calificación no era que la redacción estuviera mal escrita en sentido gramatical, ni que el contenido fuera pobre, sino simplemente que ¡mi profesor no podía leer lo que había escrito! Me sentí avergonzado de que mi poca práctica de caligrafía me hubiera pasado factura. Se me dio la oportunidad de volver a entregar el ensayo y decidí escribirlo a máquina en lugar de a mano para evitar el problema de la legibilidad.

Pero la vergüenza de no poder ser comprendido por mi escritura ilegible perduró..

Cuando llegué a la escuela secundaria, (por suerte para mis profesores) escribía a máquina la mayoría de mis trabajos, y nunca volví a tener un problema de legibilidad que afectara mis notas. Sin embargo, no puedo decir exactamente que mi letra haya mejorado. En el bachillerato, empecé a utilizar una taquigrafía propia; cuando llegué a la Escuela de Medicina, mis cuadernos de notas eran tan indescifrables como una antigua tablilla de arcilla escrita en una lengua olvidada. Cada vez que sabía que mi escritura iba a ser leída por otra persona, me esforzaba por mecanografiar o por reducir la velocidad y concentrarme en mi letra para su beneficio. Hoy en día, rara vez escribo fuera de lo que tecleo en la computadora, salvo alguna prescripción ocasional cuando mis registros médicos electrónicos no funcionan.

La llegada de las notas abiertas: Por qué las notas claramente inteligibles son tan importantes en el ámbito médico

Afortunadamente, tanto para los médicos como para los pacientes, la necesidad de notas y recetas escritas a mano está desapareciendo, en su lugar son más comunes las historias clínicas electrónicas y las notas hechas en computadora, más legibles (y seguras). La necesidad de claridad en la comunicación entre el médico y el paciente es ahora más importante que nunca. Con la aprobación del Cures Act (legislación de los EE.UU. que hace que el intercambio de información médica electrónica sea la norma esperada en la atención en salud), quizá por primera vez, los pacientes pueden leer las notas tecleadas de un médico poco después de haber sido escritas, lo que pone de manifiesto la necesidad de una comunicación clara y precisa. Esta nueva transparencia ha generado una sensación de pánico entre algunos profesionales de la medicina que no están acostumbrados a ver sus notas a la vista. Mientras que antes estos registros eran sagrados, privados y solo para los ojos del médico, los pacientes han empezado a cuestionar el significado de las abreviaturas y los términos que antes solo veían los médicos tratantes y sus colegas.  

Malentendidos perjudiciales y potencialmente mortales 

Mientras que el significado de una abreviatura como «SOB» (shortness of breath/falta de aire) es algo natural para un profesional de la salud, un paciente sin conocimientos médicos puede interpretar la misma abreviatura de una manera muy diferente, lo que puede generar involuntariamente una ofensa o confusión. Algunas abreviaturas son incluso poco claras para los propios médicos, con ramificaciones potencialmente mortales. Pensemos en «qd» (empleada para expresar «todos los días» en inglés), que a veces se confunde con «qod» (cada dos días). ¿O qué decir de «MS», que puede significar sulfato de morfina, sulfato de magnesio o esclerosis múltiple, según el contexto? Estas abreviaturas se consideran tan confusas que su uso está prohibido en los hospitales. Otras cuestiones, como los puntos decimales mal representados, los ceros finales y las abreviaturas de microgramos, son tan reconocidas como potencialmente peligrosas, por lo que la mayoría de los sistemas electrónicos ni siquiera permiten introducirlas.

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Lenguaje alienante y poco útil

Más allá de las abreviaturas, frases como «alcohólico crónico» u «obeso mórbido» han sido objeto de críticas por la forma negativa en que retratan a los pacientes con enfermedades crónicas. Describir a un paciente como «viajero frecuente» (para describir a una persona que ingresa con frecuencia al hospital) o como «que padece» una enfermedad también se destacan como ejemplos de lenguaje alienante que aleja al médico del paciente que está tratando. Cada vez es más fuerte la noción de que el lenguaje que utilizan los médicos en sus notas puede alterar su percepción de una persona, lo que puede repercutir en la calidad de la atención que esta recibe. Aunque la idea de que el lenguaje puede influir en la forma de ver la realidad no es nueva, parece que ha ido ganando fuerza en la medicina. 

Otras frases médicas provocan ansiedad y confusión en los pacientes, como «tumor» (que indica un crecimiento, no necesariamente un cáncer); la diferencia entre «benigno» (que no suele ser motivo de preocupación) y «maligno» (que suele ser motivo de preocupación); y una serie de otros términos médicos confusos. También está la cuestión de los hallazgos menores o incidentales, como un «probable quiste renal» o un «probable lipoma» que, en otros tiempos, los médicos no consideraban lo suficientemente importantes como para mencionarlos al paciente. Hoy en día, los pacientes recurren a un motor de búsqueda para conocer el significado de estos hallazgos, con la esperanza de replicar los años que los médicos dedican a su formación para determinar su importancia.

¿Qué tiene que ver esto con la mala letra? 

Antes los médicos no tenían que preocuparse por el contenido de sus notas, siempre y cuando fueran bien entendidas por sus colegas y lograsen el resultado de tratar adecuadamente al paciente. Así como mi yo de tercer año no se preocupaba por la caligrafía mientras sacara buenas notas, los médicos no tenían que preocuparse si el paciente entendería o no lo que estaban escribiendo en una nota o en una receta médica. 

Más adelante comprendí quela capacidad de expresarse de forma clara, hasta el punto de que cualquiera pudiera entenderme, era esencial para pensar de manera ordenada. Esto me obligaba a ir más despacio, a concentrarme y a escribir con mayor claridad para que los demás pudieran entender lo que escribía.

Con la llegada de las notas abiertas, los médicos tendrán que pensar con mayor detenimiento y claridad lo que escriben en una historia clínica, para no esconderse detrás de la jerga médica o utilizar palabras que los pacientes encuentren alarmantes o confusas. Al igual que mi profesor, que hacía hincapié en la necesidad de ser entendido, los médicos tendrán que aprender a ser precisos en la elección de su lenguaje. Al hacerlo, se espera que comprendan mejor la importancia de elegir cuidadosamente sus palabras, pensar de forma lógica y evitar tomar atajos al llegar a una respuesta. 

Y si pueden hacer esto, quizás hasta mejore su letra.

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